La conmemoración de este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, nos encuentra en un contexto internacional y regional marcado por retrocesos en materia de derechos, el avance de discursos negacionistas, antifeministas y el cuestionamiento de conquistas históricas de los
derechos humanos de las mujeres e identidades feminizadas. La guerra contra las mujeres es una reacción ante el avance de nuestras conquistas.
En nuestro país hemos sido testigos de episodios de violencia vicaria crueles, que nos interpelan y nos exigen reclamar a viva voz que es tiempo de destinar los recursos necesarios desde el Estado para proteger a las mujeres, las niñas y los niños víctimas de violencia, así como de incorporar en los programas educativos de todos los niveles contenidos que promuevan la igualdad y la vida libre de violencia. Cambiar relacionamientos violentos implica transformar las masculinidades
hegemónicas y apostar por un relacionamiento respetuoso entre todas las personas.
La Udelar no es ajena a estas tensiones. Reafirmamos que la igualdad de género no puede limitarse a declaraciones formales o acciones aisladas, sino que debe traducirse en políticas sostenidas, recursos adecuados y transformaciones culturales profundas. Si aspiramos a una universidad verdaderamente comprometida con la igualdad, no alcanza con proclamas: es necesario identificar y transformar las prácticas concretas que reproducen desigualdades en nuestra propia institución.
Las desigualdades de género atraviesan de manera estructural las trayectorias profesionales de las universitarias. La sobrecarga de tareas de cuidado, la distribución desigual del tiempo, la precarización en los grados iniciales y la persistencia de discriminaciones impactan directamente en nuestras posibilidades de desarrollo académico y profesional. A esto se suman dinámicas institucionales que siguen operando sin revisión crítica: en las últimas elecciones de rector no se
presentó ninguna mujer como candidata, lo que nos obliga a preguntarnos qué condiciones formales e informales continúan obstaculizando el acceso de las mujeres a los máximos espacios de decisión. De manera similar, los criterios de evaluación que estructuran nuestras carreras
—concursos, ingresos y permanencias en el RDT, entre otros— no siempre contemplan de manera justa las trayectorias atravesadas por tareas de cuidado. La maternidad, en particular, continúa funcionando como un factor de penalización en la producción académica y universitaria. Discutir y transformar estos mecanismos no es un planteo sectorial: es una condición necesaria para construir una universidad más justa, democrática e igualitaria.
Del mismo modo, las violencias de género, en sus múltiples manifestaciones, siguen presentes en los espacios universitarios. La revisión de la normativa vigente en materia de violencia, acoso y
discriminación es una oportunidad para mejorar nuestra institución y garantizar espacios libres de violencia es una condición básica para el ejercicio pleno del derecho a estudiar, trabajar y militar. Para ello se requiere recursos estables, estructuras fortalecidas y voluntad política sostenida.
Invertir en políticas de cuidados, en la mejora de las condiciones laborales de los grados más bajos, en la prevención y atención de las violencias y en la consolidación de estructuras institucionales de género no es un gasto: es una decisión política orientada a transformar las bases mismas de la desigualdad.
Como docentes universitarias venimos promoviendo una agenda que ha tenido importantes logros: la incorporación de la licencia por cuidados del recién nacido, la extensión del medio horario por lactancia y cuidados especiales del recién nacido; la contratación de un Equipo Técnico
para situaciones de Violencia, Acoso y Discriminación en el Regional Litoral Norte; la creación de un fondo para cubrir el trabajo de quienes usufructúan las licencias por cuidados, entre otros. Estas acciones no sólo consagran nuevos derechos, sino que también reconocen aspectos importantes de nuestra vida como un asunto público. Hacemos un llamado para que su goce se extienda y no se castigue en los equipos ni en las evaluaciones académicas. Estos avances aportan a la transformación cultural, lo que nos beneficia a todos, todas y todes.
Las docentes de la Udelar continuaremos promoviendo la agenda de igualdad de género en nuestra sociedad, en la Universidad y en nuestros espacios sindicales. También allí persisten obstáculos para la participación plena y libre de violencias. La transformación cultural que
demandamos hacia afuera debe ocurrir también dentro, trascendiendo lógicas punitivistas. Necesitamos la disposición de todas las personas que formamos parte de ADUR para erradicar la violencia machista en nuestro gremio. Nuestra lucha y reivindicaciones es por una comunidad mejor para todas las personas y una cultura libre de violencias a nivel interpersonal, institucional, nacional y global.
Este 8 de marzo las docentes universitarias nos sumamos a las convocatorias a marchar en todo el país por un 8M antiimperialista por la soberanía de los pueblos. Porque los derechos conquistados se defienden en las aulas, en los laboratorios, en los barrios, en las casas y en la calle. Porque quedan muchos derechos por conquistar. Unidxs transformando la cultura de la violencia, defendiendo la paz y la justicia social.
Comisión de Género, Cuidados y Cultura Libre de Violencias de ADUR
8 de marzo de 2026
