Ante la agresión sufrida por una estudiante en la Facultad de Medicina

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Ante lo sucedido ayer en un aula de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República donde un estudiante varón apuñaló brutalmente a una estudiante, la Comisión Ejecutiva y la Comisión de Género, Cuidados y Cultura libre de Violencia de ADUR manifiestan lo siguiente:

Las mujeres y disidencias de la Udelar venimos advirtiendo sobre las desigualdades y violencias que atraviesan nuestro tránsito por la vida universitaria. Valoramos los avances institucionales para atender estas situaciones, pero su insuficiente abordaje resulta evidente. Somos nosotras quienes seguimos poniendo el cuerpo ante los límites de los protocolos, normativas y dispositivos existentes. Porque la protección de la integridad física y mental, el derecho a estudiar y vivir sin violencias implican también cambios en la cultura patriarcal de la sociedad en general y la institución en particular.

La Universidad no es ajena a la emergencia de violencia contra las mujeres basada en género que atraviesa nuestra sociedad. La persistencia de esta violencia y las limitaciones de las respuestas institucionales para prevenirla, abordarla, investigarla, sancionarla y repararla hacen que lejos de constituir una excepcionalidad, forman parte de nuestra experiencia cotidiana. Violencias que vienen siendo denunciadas por nosotras sistemáticamente. 

Las condiciones de vida actuales que llevan a la precarización de la vida y la falta de abordajes a problemáticas como la salud mental, que de ningún modo puede relativizar la violencia de género ejercida, se intersectan con la violencia basada en género pero no la justifican. Nada justifica la violencia, nada puede relativizar la violencia basada en género que atraviesa nuestra sociedad y la universidad como institución. Este hecho es extremo y violento pero no es excepcional en tanto que las mujeres y disidencias vivimos violencia en la universidad y en la sociedad todos los días. 

Encontramos que ante distintas situaciones de violencia se recurre a argumentos vinculados al desconocimiento, la excepcionalidad o a brindar justificaciones ante actos inexcusables. Sin embargo sabemos que la violencia contra las mujeres en la Udelar no es un fenómeno puntual o aislado: de acuerdo a la última encuesta de prevalencia de violencia en la Universidad el 42,9 de las estudiantes, el 58,1% de las docentes y el 47,6% de las funcionarias declara haber sufrido al menos alguna de las violencias hacia la mujer y/o por razón sexual o de género.

Hace tan solo un mes, el 2 de agosto, en una veterinaria de la zona de Tres Cruces ocurrió el femicidio de Antonella, estudiante de Veterinaria de nuestra universidad, en el marco de un conjunto de femicidios que se vienen dando de forma sistemática en Uruguay. La universidad forma parte de esta sociedad que es incapaz de parar esta forma de violencia extrema contra las mujeres. Nos preguntamos, ¿Qué hace falta para que valoremos la vida de las mujeres como un tema prioritario y que su protección sea por ejemplo incluida en el presupuesto quinquenal?

Ante esto, la respuesta institucional no puede restringirse sólo a una condena posterior a los hechos. Hay que fortalecer la institucionalidad de género, capacitar y sensibilizar a todas las personas que integramos la Udelar en temas de igualdad de género con énfasis en las violencias hacía las mujeres, dotar de recursos a los equipos especializados y priorizar este asunto en la agenda universitaria para construir juntas y juntos políticas de prevención.

Preocupa que nuestros órganos políticos vuelvan a colocar la responsabilidad en los espacios que abordan temas de género y que están compuestos casi en su totalidad por mujeres. Necesitamos también voces y relatos de varones que se impliquen en el cuestionamiento a las masculinidades construidas sobre el dominio, control y violencia, interpelando las prácticas que naturalizan la violencia desde varias posiciones, retomando el problema desde una responsabilidad compartida. Necesitamos darle a nuestros estudiantes varones jóvenes espacios para intercambiar, formarse y reflexionar. Necesitamos que los docentes y funcionarios varones se formen y brinden el apoyo que se ha pedido sistemáticamente. 

Instamos a la Udelar a posicionarse con más claridad cuando ocurran situaciones como las de ayer: parar las actividades, reflexionar, dialogar, revisar pautas de convivencia y pensar protocolos de emergencia, qué hacer ante estas situaciones. Darnos el tiempo necesario es también respetar el proceso de las víctimas directas e indirectas de las violencias. ¿Qué más debe pasar para que se pare todo?, acaso la vida de una estudiante, una docente, una funcionaria no vale tanto como la vida de otra persona?

Necesitamos seguir construyendo una Universidad que sea nuestra segunda casa: un espacio seguro donde estudiar, trabajar, encontrarnos y sentirnos parte de una comunidad que nos cuida. Ante ello, advertimos que la respuesta no puede agotarse en pautas punitivistas y de control sino fortalecer la convivencia, el cuidado mutuo y la prevención, con reconocimiento político y material para llevarlas a cabo. 

¡Por una universidad donde la igualdad de género se viva cotidianamente!

Comisión Ejecutiva y Comisión de Género, Cuidados y Cultura libre de Violencia de ADUR.